Una carta de Phillip K. Dick sobre los sueños y sus poderes proféticos

Hace treinta y tres años, el 2 de Marzo de 1982, murió Phillip K. Dick, no solo el más grande escritor de ciencia ficción que jamás existiera, sino uno de los más grandes de cualquier género. Sea o no cierto (yo creo que lo es), no hay discusión sobre un punto: nadie como Dick ha conseguido expresar la perplejidad de una mente enfrentada a los desórdenes del tiempo, del espacio, de su propia naturaleza, o las tres cosas juntas (como ocurre en Ubik, que vendría a ser algo así como un cruce entre Kant y los cómics de Marvel, regado con mucho LSD). De la conversión desde las laberínticas (y muchas veces desopilantes) historias de CF de sus comienzos a las cruentas interrogaciones metafísicas de sus obras finales, se ha escrito muchísimo; en su mayor parte acerca de lo que Dick llamó 02.03.74 y que no fue otra cosa que su experiencia mística (para algunos de sus fans) o un episodio psicótico (para el resto) y que Dick resumió así:

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